Historia

Alúa, una nativa de estas tierras, en su pecho tiene dos corazones, el del pueblo indígena y el del hombre blanco.  Ambos son representados por un Corazón de Piedra, que es enterrado en un lugar oculto, y así se mantendrá en secreto hasta el 16 de abril de 1930, cuando es descubierto en el Cerro Arido, por el entonces Presidente de la República Baltasar Brum y por el historiador Horario Arredondo, a pocos kilómetros de la Fortaleza de Santa Teresa en el Departamento de Rocha, Uruguay.

Este hallazgo sin precedentes, no solo motivo la creación del Parque Nacional Santa Teresa, sino que tiene su cumplimiento mayor de la profecía indígena, en el regreso de la Yu Maraney, La Tierra Sin Mal, que se comenzara a extender desde el Uruguay al resto del mundo.

"Y desde aquí, nacerá el paraíso, la YU MARANEY que ha de extenderse hasta los extremos de la tierra, aún, tan lejos como los orígenes de la Tierra". CORAZÓN DE PIEDRA, ediciones EL RAV, enero 2005, Uruguay.

 

Convocados por la Historia del Corazón de Piedra, decidimos realizar "El camino de Alúa" ir a conocer el Corazón de piedra que se encuentra en la Fortaleza de Santa Teresa y realizar una caminata hacia la Laguna Negra, tal como lo realizó Alúa. De esta forma transformar y sanar el dolor de la región encontrándonos con nuestras partes femeninas e integrándolas a cada una de ellas.
Nos encontramos con dos guardianas del corazón de Alúa; Isis, y la virgen Negra
Nuestro viaje termino en el castillo de Piria.

El 11 de febrero del 2017, 33 personas se encontraron en la Fortaleza de Santa Teresa para gestar el  que llamamos Encuentro de los Encuentros:  El corazón de piedra de Alúa y la Piedra Corazón. Fue organizado por el grupo Vigilantes del Cielo Uruguay.

Resumen completo

Resumen con fotos

TIEMPO DE PROFECÍA

En este tiempo de profecía donde resurge el aliento ancestral de los abuelos de la tierra y  sus memorias llegan a los oídos de los hombres y mujeres del presente, se despiertan nuestros corazones y recordamos.
El viento nos guía hacia lo que nuestros abuelos con su sabiduría practicaban, y nos ayuda a retomar el rumbo hacia donde se dirige el hombre nuevo.

Cuenta la leyenda que durante milenios pueblos enteros  llegaban a estos esteros y humedales de rocha, viniendo desde todas partes en un viaje de años enteros. Llegaba gente desde el mundo selvático de los guaraníes, llegaban también hombres y mujeres de las montañas lejanas llevando sus hijitos en las espaldas, mascando coca, con flautas y bombos. Venían también otros pueblos bordeando lagunas, esteros y florestas cercanas a la Mar Océana, atravesando las inmensas lagunas y lagos del Norte.
Venían a encontrarse, venían a reconocerse los unos a los otros bajo el mismo cielo estrellado de la zona de Cerro Verde, venían a unir sus sentimientos por la Tierra, celebrando así el pertenecer a ella. Danzaban, cantaban, aquello era una fiesta, una fiesta de celebración y agradecimiento a la vida misma considerando todas sus formas en la que ésta se manifiesta.

Agradecían por las aguas, agradecían por las aves, por las tortugas y los peces, agradecían por las sombras del Coronilla y por las dunas de esa fina arena que había acariciado sus rostros curtidos quien sabia cuantas veces!! Agradecían por el sustento, porque sabían que ninguna madre deja sin pan a sus hijos, y que la Tierra siempre les regalaría todo cuanto necesitaran para continuar respirando en estos suelos.

 La leyenda dice que ésta fue la última vez que se juntaron…
Esa misma noche parece que una niña charrúa predijo la llegada del hombre blanco, y percibiendo los tiempos de caos que se avecinaban, todos ellos decidieron tallar piedras enormes en este cerro para lograr así perpetuar su memoria. No querían que se perdiera el recuerdo ancestral  de que todos somos hermanos de la misma tierra y que ésta es madre de todos.
Cuentan que la noche en que esa niña hablaba, la luz de la Luna iluminó de manera mágica todo el cielo, y que en el resplandor de este hermoso astro sobre el mar, podían reconocerse todos, como parte de un único tejido de la vida.
Esa niña les contó muchas cosas esa noche, cosas que apenas ellos lograban imaginar, apenas podían comprender como hermanos iguales a ellos podrían algún día generar tanto caos y olvidar por completo ese sentimiento de unión y fraternidad entre todos los seres, desde las puntas rocosas tan calladas y serenas, los sabrosos frutos de cereus, los bellos arbustos achaparrados de la zona, los pequeños caracoles, cangrejos y sapitos, las aves que en sus éxodos nos revelan el pasaje del tiempo y la unión con el propio Cerro, con el propio cielo y el mar.
La niña trasmitía todo muy claro -observo ejércitos de árboles extranjeros, igualitos y gigantescos ocupando grandes espacios de estas tierras y gente aun ignorante,  con el corazón hecho de capas de billetes de banco, que rodean estos árboles de veneno impidiendo así que las plantas nativas crezcan y matando animales nuestros.
Así fue que después de días enteros de encuentro y ceremonias, deciden esconder estas piedras en ese mismo lugar, con el fin de protegerlas, de preservar la voz de su gente. Estas piedras permanecerían escondidas hasta que llegase el momento perfecto… el Tiempo de la Profecía.

Según la leyenda, será el tiempo en donde el hombre nuevo tendrá la humildad suficiente para reconocer en esas piedras toda la sabiduría ancestral que las acompaña, y podrá difundir desde estos suelos costeros la olvidada verdad a todos los habitantes de la tierra.
Será un mensaje de invitación hacia el resto de los seres para poder permanecer mas conectados con su propia esencia, una invitación para vivir en la simpleza comprendiendo mas allá de las palabras y reconociéndose en cada planta, en cada animal, en cada gota de lluvia, en la mirada de cada hermano de este inmenso universo.
Fue así entonces, que luego de esconder estas piedras sagradas en el corazón del Cerro Verde se prepararon para su despedida.
Así, pudiendo anticipar  la venida de hombres de otros pueblos que destruirían y sepultarían a su propia gente, causando destrucción y desequilibrio, decidieron aceptar las etapas de la historia, entregándose así a la Tierra.
Dicen, que esa misma noche, se tomaron de las manos, y en una exhalación se fundieron con la tierra, intencionando  que sus almas descansen en los palmares de butiá, esperando el día en que los hombres y mujeres de esta  tierra estén listos para abrir sus corazones y dejar  que la unión de los pueblos suceda, confiando y sabiendo que ese tiempo de profecía en algún momento llegaría…

En este tiempo de profecía donde resurge el aliento ancestral de los abuelos de la tierra y  sus memorias llegan a los oídos de los hombres y mujeres del presente, se despiertan nuestros corazones y recordamos.

El viento nos guía hacia lo que nuestros abuelos con su sabiduría practicaban, y nos ayuda a retomar el rumbo hacia donde se dirige el hombre nuevo.

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Revelación del corazón de piedra
Sobre EL RAV

Sobre Lucas Marton
Bibliografía